CONECTANDO TUBOS (I). ASPECTOS HISTÓRICOS SOBRE LAS TUBERÍAS Y SUS ACCESORIOS.

En esta ocasión, haremos una reseña histórica sobre la instalación de tuberías, específicamente, en lo relacionado con los tipos de conexión que usualmente se emplean para facilitar la sujeción entre accesorios y tuberías, de manera que la red de distribución (línea de impelencia, línea de aducción) lleve el agua desde el punto de abastecimiento (un manantial, un estanque, un pozo o una cisterna).

En Aguas Integrales no inventamos ninguno de estos mecanismos pero, como instaladores de estos sistemas, tenemos claras algunas condiciones que deseamos que se cumplan en las conexiones que hacemos día con día. Estas son:

  • Fijación, la tubería normalmente soportará presiones significativas, tanto del exterior como en su interior, razón por la cual se espera que esta presión no genere puntos de fuga o rotura.
  • Hermeticidad, la conexión debe garantizar que no salga agua, generando pérdidas por fugas, ni que entren elementos extraños al sistema (por ejemplo: aire) que pudieran convertirse en un problema de cavitación.
  • Facilidad de instalación, la conexión debe permitir un manejo rápido de los elementos, de manera que los técnicos instaladores no pierdan tanto tiempo al momento de realizar la instalación.
  • Durabilidad, es deseable que la instalación de estas tuberías persista a las condiciones de enterramiento o interperie por muchos años. En algunos casos, el material debe ser capaz de resistir condiciones de corrosión o temperatura.

Para esto, filósofos, científicos e ingenieros mecánicos han desarrollado durante muchos años, y con éxito variable, diversos mecanismos para poder efectuar esta conexión, en función de los materiales con los cuales se fabrican las tuberías y los accesorios que permiten cambiar de dirección, distribuir o simplemente conectar las mismas.

Excavaciones en Templo Bel de Nippur, Iraq (antigua Sumeria),1893. Foto de John Henry Haynes – archive.archaeology.org, Dominio Público.

Si nos remontamos a la historia, los primeros conductos de los cuales se tiene registro, se encuentran en Babilonia y datan del año 4,000 A.C., siendo elaborados de arcilla horneada. En el templo de Bel at Nippur se encontraron muestras de conexiones tipo Tee. También en la ciudad ancestral de Petra (300 a.c.) se logran identificar piezas de tubería hechas de arcilla vitrificada.

Photograph © Andrew Dunn, 15 September 2005.

Tubería de plomo que abastece de agua al gran baño romano. Foto de © Andrew Dunn, 15/09/2005.

De igual forma, existe evidencia que los griegos (y luego los romanos), adicional a los acueductos de piedra y argamasa, también elaboraron tuberías de arcilla vitrificada para transporte de agua, para la cual elaboraron “balonas” (conexión que superpone un tubo de diámetro ligeramente mayor al nominal). Hay que recordar que Arquímedes desarrollo su famoso Tornillo en el siglo II a.c., sobre el concepto de Archytas de Tarentum (400 a.c.). De hecho, hay evidencia que muestra que los romanos conocieron del peligro del plomo en la instalación de acueductos, pero no lo tomaron en cuenta y esto permitió la muerte de muchos emperadores. De igual forma, se tiene registro de instalaciones de tuberías de cobre en el antiguo Egipto para transportar agua y efluentes sanitarios, los cuales tenían espesores de 1.4mm y eran sujetados por medio de ranuras cortados en elementos sólidos.

Durante la edad media, se tiene conocimiento del uso de madera (olmo) para transportar agua, estos eran sujetados con collares de hierro. La primera tubería de hierro fundido de la cual se tiene registro de instalación en el siglo XV, y está ubicada en Alemania, la cual se empleó para conducir agua hacia el Castillo Dillenberg. Para esta época, Guttemberg empleaba las roscas atornilladas para prensar papel y en Francia, se tenía registro de los primeros tornillos de sujeción con tuerca. El empleo de tuberías metálicas fue desarrollado incipientemente en Europa, entre los siglos XV y XVI, pero el uso de plomo generaba problemas de salud (saturnismo o envenenamiento de la sangre).

(Continuará en una siguiente entrega) 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *